Tras más de 25 años de negociaciones, la Unión Europea y el Mercosur firmaron un histórico acuerdo de libre comercio en Asunción, Paraguay, que crea una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores y una reducción de aranceles sobre la mayoría del comercio bilateral entre ambos bloques.
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El tratado, que se venía negociando desde finales de la década de 1990, había enfrentado múltiples obstáculos políticos, económicos y sociales durante más de dos décadas antes de que los Estados miembros de la UE y los países del Mercosur pudieran avanzar hacia su ratificación.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva desempeñó un papel diplomático clave en las etapas finales del acuerdo, impulsando acercamientos con la Comisión Europea y defendiendo la necesidad de cerrar el pacto después de años de estancamientos y de presión internacional.
Una de las señales políticas más relevantes de la etapa final fue la reunión entre Lula y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Brasil, donde abordaron detalles finales del acuerdo y reafirmaron la importancia de avanzar pese a retrasos causados por debates políticos en Europa.
Lula no estuvo presente en la ceremonia de firma en Paraguay debido a tensiones políticas internas del Mercosur y acuerdos de agenda con líderes europeos, lo que llevó a que Brasil delegara la representación oficial, una decisión interpretada como resultado de la complejidad interna del bloque.
La firma del tratado en Asunción se produce en medio de una polarización política dentro del Mercosur, donde países como Paraguay y Uruguay han buscado mayor autonomía en sus posturas comerciales, mientras Argentina y Brasil han tenido posiciones más pragmáticas pero con reservas sobre salvaguardias en sectores sensibles.
En la Unión Europea, el acuerdo también enfrentó una oposición significativa, especialmente de sectores agrícolas y ganaderos que han expresado preocupación por la posible competencia de productos sudamericanos más baratos en sus mercados nacionales.
Las protestas de agricultores en países como Bélgica, Francia y Alemania fueron una constante en los meses previos a la firma, con bloqueos, movilizaciones con tractores y manifestaciones frente a edificios de la UE, denunciando que el acuerdo podría debilitar la producción agrícola local frente a las importaciones.
Además de las protestas, sectores agrarios en la UE han advertido que la eliminación de aranceles favorecería la entrada de productos como carne, arroz, miel, soja y otros bienes sudamericanos, lo que, según ellos, podría erosionar la viabilidad económica de pequeñas y medianas explotaciones agrícolas europeas.
El proceso de negociación incluyó múltiples salvaguardias y compromisos ambientales y sociales, aunque críticos sostienen que estas medidas podrían no ser suficientes para proteger a todos los sectores afectados, lo que ha alimentado el debate político dentro de varios Estados miembros de la UE.
A pesar de las protestas y de la oposición de algunos parlamentos nacionales, varios Estados de la UE aprobaron el acuerdo y dieron luz verde a la firma, destacando la importancia geopolítica del tratado como contrapeso a otras potencias globales y como un mensaje a favor del libre comercio.
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Aunque la firma en Asunción es un paso clave, el acuerdo aún debe superar procesos de ratificación en el Parlamento Europeo y en las legislaturas nacionales, lo que puede prolongar su entrada en vigor y mantener el foco en las discusiones económicas, políticas y sociales que ha generado en ambos lados del Atlántico.