La realización de 3 conciertos de Bad Bunny en Medellín provocó un aumento sin precedentes en los precios del alojamiento no hotelero, con tarifas que se multiplicaron en zonas como El Poblado y Laureles
La realización de 3 conciertos de Bad Bunny en Medellín provocó un aumento sin precedentes en los precios del alojamiento no hotelero, con tarifas que se multiplicaron en zonas como El Poblado y Laureles

La organización de tres conciertos de Bad Bunny en Medellín a finales de enero de 2026 generó una alta afluencia de visitantes durante todo el fin de semana, lo que desbordó la demanda de hospedaje en la ciudad y llevó los precios del alojamiento no hotelero a niveles inusualmente altos.
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En redes sociales y plataformas digitales se viralizaron casos de alojamientos ofrecidos en sitios de renta corta —como Airbnb u otros espacios turísticos temporales— con tarifas de hasta 98 millones de pesos por varios días, cifras que multiplicaron por muchos la tarifa habitual.
Esos aumentos se produjeron en barrios de alta demanda como El Poblado y Laureles, donde las propiedades de renta corta suelen concentrar turistas debido a su cercanía a servicios, vida nocturna y conexiones de transporte, lo que alimentó la especulación de precios.
Más allá de Airbnb, también se reportaron quejas sobre cancelaciones de reservas confirmadas con anticipación, aparentemente para volver a ofertarlas a precios más altos frente a la creciente demanda, lo que encendió críticas de turistas nacionales y extranjeros.
La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) intervino ante estas denuncias, advirtiendo que estas prácticas pueden violar los derechos del consumidor y que cancelar reservas unilateralmente para volver a ofertarlas a mayor precio podría acarrear sanciones.
A raíz de las quejas y la presión mediática, algunas plataformas empezaron a penalizar precios especulativos, lo que en ciertos momentos redujo significativamente las tarifas publicadas, con algunos alojamientos cayendo hasta en más de 80% respecto a lo que se había ofertado inicialmente.
La situación en Medellín ha puesto de manifiesto tensiones más amplias en el mercado de vivienda y alojamiento, donde eventos de alta demanda revelan un mercado con oferta limitada de espacios turísticos no hoteleros y presión sobre los precios a corto plazo.
Este episodio también reavivó el debate sobre la gentrificación en Medellín, fenómeno en el cual la valorización de zonas urbanas y la proliferación de renta corta desplaza a residentes locales o eleva de forma sostenida los costos de vida y de hospedaje, particularmente en barrios atractivos para visitantes.
La gentrificación en la ciudad no es un efecto aislado del concierto, sino parte de un proceso más amplio en el que algunos sectores urbanos han visto aumentos de precios de alquiler que dificultan a residentes de ingresos medios o bajos vivir en determinadas zonas.
Desde el punto de vista legal, en Colombia las rentas cortas de vivienda turística sí están reguladas como actividad turística, y quienes ofrecen alojamiento temporal deben inscribirse en el Registro Nacional de Turismo (RNT) y cumplir con otros requisitos legales, aunque no existe un control directo sobre los precios que se fijan.
Además de la obligación del RNT y otras normas sectoriales —como la Ley 300 de 1996, el Decreto 2590 de 2009 y la Ley 2068 de 2020 que moderniza el marco del turismo—, se están discutiendo cambios reglamentarios que podrían aumentar la supervisión y los requisitos para plataformas y anfitriones, aunque no se ha aprobado una normativa específica que limite precios o imponga topes.
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En síntesis, el fenómeno de los altos costos del alojamiento no hotelero en Medellín ante eventos masivos como los conciertos de Bad Bunny ha expuesto tensiones entre oferta y demanda, prácticas de mercado especulativas, preocupaciones por la gentrificación urbana y la necesidad de un marco regulatorio más claro que proteja tanto al mercado turístico como a los residentes y visitantes en Colombia.