Laura Fernández ganó las elecciones presidenciales de Costa Rica en primera vuelta, en medio de un contexto marcado por la inseguridad, alta participación y un giro político
Laura Fernández ganó las elecciones presidenciales de Costa Rica en primera vuelta, en medio de un contexto marcado por la inseguridad, alta participación y un giro político

La politóloga conservadora Laura Fernández fue elegida presidenta de Costa Rica, al ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta el 1 de febrero de 2026, tras superar el umbral legal necesario para evitar un balotaje.
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Fernández, de 39 años, obtuvo alrededor del 48,5 % de los votos válidos, por encima del mínimo del 40 % exigido por la Constitución costarricense para una victoria directa.
La victoria representa un fuerte respaldo al oficialista Partido Pueblo Soberano (PPSO), la fuerza política del presidente saliente Rodrigo Chaves, quien la respaldó públicamente durante la campaña.
Con su triunfo, Costa Rica consolida un giro hacia la derecha política, con un mensaje centrado en “profundos e irreversibles” cambios que Fernández ha denominado el inicio de la “Tercera República”.
La alta participación electoral —que superó el 66 %— reflejó un proceso con fuerte movilización ciudadana frente a desafíos como la seguridad y la percepción de creciente violencia en el país.
En su discurso de victoria, Fernández afirmó que el triunfo del pueblo costarricense marca el cierre de un ciclo y el comienzo de una nueva etapa, con un énfasis en diálogo y reconciliación entre fuerzas políticas.
La campaña de Fernández estuvo dominada por la seguridad pública y la lucha contra el crimen, temas que resonaron entre los votantes tras años de aumento de homicidios y expansión de bandas criminales.
Aunque su partido obtuvo una mayoría importante en la Asamblea Legislativa, no alcanzó supermayoría, lo que implicará la necesidad de negociar alianzas para impulsar reformas constitucionales o institucionales.
Fernández ha expresado su intención de continuar muchas de las políticas de su predecesor Chaves, lo que incluye enfoques firmes en seguridad y reformas estatales, y se ha referido a posibles estados de excepción en zonas conflictivas.
Su victoria ha despertado tanto apoyo como preocupación: simpatizantes valoran un enfoque más enérgico ante la criminalidad, mientras críticos advierten sobre riesgos de concentración de poder y cambios institucionales profundos.
La elección de Fernández también se enmarca dentro de un contexto regional de crecimiento de líderes conservadores y populistas en América Latina, donde la inseguridad y el descontento con partidos tradicionales han influido en las preferencias electorales.
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La nueva presidenta electa asumirá el cargo el 8 de mayo de 2026, enfrentando el desafío de gobernar un país con expectativas de cambio profundo, demandas de seguridad y la necesidad de equilibrio entre reformas y respeto a las instituciones democráticas.