Las protestas en Irán continúan pese a la represión y los cortes de internet, mientras Estados Unidos respalda a los manifestantes y Teherán acusa a Washington de interferir en sus asuntos internos.
Las protestas en Irán continúan pese a la represión y los cortes de internet, mientras Estados Unidos respalda a los manifestantes y Teherán acusa a Washington de interferir en sus asuntos internos.

Las protestas en Irán han entrado en su tercera semana, extendiéndose por decenas de ciudades y conformando la ola de movilizaciones internas más grande en años, impulsada inicialmente por el colapso económico, la inflación extrema y la caída del valor de la moneda nacional. La respuesta del régimen ha sido contundente y violenta, con un operativo de seguridad destinado a frenar las manifestaciones, que según organizaciones de derechos humanos ha dejado decenas de muertos y miles de detenidos.
Te puede interesar: Protestas en Irán por la devaluación de la moneda y el aumento de la inflación
Para dificultar la coordinación interna y limitar la cobertura internacional, las autoridades iraníes impusieron un corte total de internet y comunicaciones telefónicas, una medida que se ha repetido en crisis previas y que busca frenar la difusión de imágenes y reportes sobre violencia estatal contra civiles.
El régimen de Teherán ha condenado enérgicamente lo que considera una “interferencia extranjera”. El líder supremo, ayatolá Ali Jamenei, ha acusado a los manifestantes de actuar para “complacer al presidente de Estados Unidos” y ha culpado a Washington de azuzar el desorden social.
En contrapartida, Estados Unidos ha expresado un apoyo explícito a los manifestantes. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró en redes sociales que “Estados Unidos apoya al valiente pueblo de Irán”, en medio de los reportes de represión y cortes de internet implementados por las autoridades iraníes.
Además del respaldo verbal, el presidente estadounidense, Donald Trump, emitió advertencias directas a los líderes iraníes. Trump señaló que Irán “está en graves problemas” y enfatizó que Teherán no debe iniciar un uso de fuerza letal contra los manifestantes, advirtiendo que Estados Unidos respondería en caso de una violenta represión.
La postura de Estados Unidos se ha manifestado en términos firmes pero ambiguos respecto a las acciones concretas: mientras la Casa Blanca reafirma su apoyo moral y político a los derechos de los manifestantes, ha sido cauta en detallar medidas directas o acciones diplomáticas más allá de las advertencias y declaraciones de respaldo.
La represión interna por parte de las fuerzas de seguridad iraníes ha sido descrita por grupos de derechos humanos como brutal, con uso de fuego real, detenciones arbitrarias y ataques en hospitales, lo que ha elevado las estimaciones de víctimas fatales y heridos.
La tensión entre Washington y Teherán se ha intensificado: el gobierno iraní ha llegado incluso a presentar cartas ante organismos internacionales como la ONU acusando a Estados Unidos de incitar la violencia y de intervenir en los asuntos internos iraníes, un reclamo que refleja la creciente fractura diplomática.
En el plano doméstico iraní, el discurso oficial ha adoptado un tono cada vez más severo. El fiscal general de Irán calificó a los protestantes como “enemigos de Dios”, una figura legal que podría conllevar la pena de muerte, y advirtió que aquellos que apoyen a los manifestantes enfrentarían sanciones sin clemencia.
Las consignas de las protestas han ido más allá de las quejas económicas. En muchos lugares se han escuchado demandas directas de cambio político, incluidas críticas abiertas al gobierno teocrático y referencias a figuras de la monarquía anterior, una señal de que el movimiento ha adquirido una dimensión profundamente política.
La comunidad internacional ha tomado nota de la situación, con países de la Unión Europea y organizaciones de derechos humanos también condenando la violencia estatal y respaldando el derecho de los iraníes a manifestarse pacíficamente. Esta postura conjunta refuerza el aislamiento diplomático de Teherán frente a las crecientes críticas globales.
Te puede interesar: Un año de libertad y un futuro incierto: Siria celebra el aniversario de la caída de al-Assad entre la euforia y los enormes desafíos
El panorama en Irán sigue siendo de alta tensión y extrema incertidumbre: mientras los ciudadanos mantienen las protestas pese al aislamiento digital y la represión, Estados Unidos y otros gobiernos occidentales han elevado su retórica de apoyo, generando un escenario en el que las fuerzas internas y externas podrían influir en el rumbo de lo que algunos analistas califican como uno de los periodos de mayor conflicto social en la historia reciente del país.