Las declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de ataques militares contra Irán elevaron la tensión internacional, luego de que Teherán respondiera que está preparado para una guerra
Las declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de ataques militares contra Irán elevaron la tensión internacional, luego de que Teherán respondiera que está preparado para una guerra

En medio de la creciente crisis sociopolítica en Irán, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que su administración está considerando “opciones muy contundentes” que incluyen la posibilidad de una acción militar contra Irán debido a la violenta represión de las protestas y al alto número de víctimas civiles.
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Trump ha señalado que Estados Unidos podría actuar incluso antes de una reunión diplomática si la situación en Irán sigue deteriorándose, agregando que Teherán había mostrado interés en negociar pero que la continua violencia podría precipitar una respuesta más firme.
Las amenazas de Trump se dieron tras reportes de al menos 500 muertos y miles de detenidos en el marco de las protestas iniciadas por el desplome económico y otras demandas sociales.
Las manifestaciones en Irán comenzaron el 28 de diciembre de 2025, lo que significa que para mediados de enero de 2026 llevan alrededor de dos semanas de movilizaciones continuas en múltiples ciudades contra la teocracia y la crisis económica.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, respondió a las advertencias de Estados Unidos afirmando que Irán “no busca la guerra, pero está totalmente preparado” para defenderse si es atacado, aunque también señaló que están abiertos a negociaciones justas con respeto mutuo.
Araqchi y otros funcionarios iraníes han criticado las advertencias estadounidenses, describiendo las protestas como utilizadas por Trump como un pretexto para justificar posibles acciones de Washington contra la República Islámica, aunque no presentaron pruebas de tal manipulación.
Además de la amenaza militar implícita, Trump también ha advertido que si las violaciones de derechos humanos siguen escalando, Estados Unidos podría responder con medidas más severas, aunque la Casa Blanca afirma preferir una solución diplomática.
Las protestas en Irán, inicialmente motivadas por dificultades económicas y la caída del valor de la moneda, se han transformado rápidamente en movilizaciones más amplias que desafían al liderazgo clerical, extendiéndose a las 31 provincias del país.
El ambiente de tensión ha generado declaraciones tanto de líderes regionales iraníes como de parlamentos que advierten que si Irán es atacado, considerarán legítimo orientar sus represalias hacia activos militares estadounidenses o aliados en la región.
El príncipe exiliado Reza Pahlavi, hijo del último shah de Irán, ha jugado un papel simbólico y político importante en la movilización de las protestas, alentando a los iraníes a alzarse contra el régimen y llamando tanto a la población como a las fuerzas armadas a apoyar al pueblo iraní.
Pahlavi ha insistido que, sin la presión y el ejemplo internacional (incluidas posturas como las de Trump), las protestas podrían no haber alcanzado la intensidad actual, aun cuando ha promovido un plan pacífico de transición hacia una democracia estable y rechazado cualquier intento de tomar el poder por la fuerza.
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En este clima altamente volátil, las declaraciones cruzadas entre Trump y los líderes iraníes, junto con el llamado de Pahlavi, han elevado el riesgo diplomático y militar, incluso si ambos gobiernos mantienen canales para posibles negociaciones en paralelo a sus advertencias públicas.